El Bosque Atlántico

Dentro del término de Bosque Atlántico incluimos a los distintos bosques nativos de las costas occidentales europeas, asociados a climas templados y húmedos. Estos bosques, que antaño cubrían vastas extensiones de territorio desde el norte de la Península Ibérica hasta las costas de Irlanda y Escocia, son en la actualidad uno de los ecosistemas más escasos y amenazados del mundo.

Los bosques atlánticos constituyen uno de los máximos exponentes de biodiversidad y complejidad entre los hábitats forestales del viejo continente, albergando una elevada cantidad de especies y cumpliendo un papel ecológico de vital importancia en la regulación hidrológica o la protección y generación del suelo.

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Al formar un bioma a escala continental, cabría pensar en el Bosque Atlántico como una gran unidad ecológica, uniforme y constante a lo largo de toda su distribución geográfica, sin embargo, se trata de un mosaico de hábitats y tipos de bosque con grandes diferencias entre unas y otras localizaciones, dando lugar a un gran patrimonio natural con multitud de variaciones locales tanto en estructura como en composición de especies. Si analizamos un fragmento de bosque en la costa atlántica del norte de Galicia, podemos observar un ecosistema diferente al que aparece en la cuenca del río Bidasoa en Navarra, la Bretaña francesa o las costas irlandesas, siendo todos ellos diferentes.

A pesar de estas diferencias, propiciadas no solo por la distancia geográfica, sino también por las distintas condiciones físicas de cada territorio, la diferente evolución y adaptación de las especies o el contexto histórico de cada lugar, podemos definir una serie de características comunes para el conjunto de bosques incluidos en la categoría de Bosque Atlántico:

  • Un clima templado y oceánico, con abundantes precipitaciones y temperaturas suaves a lo largo del año, veranos frescos e inviernos no excesivamente fríos.
  • Árboles de hoja caduca como especies dominantes en el dosel arbóreo, de géneros como los Quercus, Fraxinus, Betula, Ulmus o Fagus entre otros.
  • Estratos vegetales bien desarrollados, con abundancia de arbustos productores de frutos, plantas epifitas, helechos, lianas y enredaderas, líquenes y briófitos.

Simplificando mucho la complejidad de tipos de bosque atlántico, podemos establecer dos grandes grupos; por un lado los bosques termófilos, situados en zonas costeras o tierras bajas con poca continentalidad, generalmente en lugares donde los grandes valles fluviales permiten que la influencia marítima y el efecto de regulación térmica del océano llegue tierra adentro, por otro lado los bosques de montaña, de tierras altas y llanuras interiores con climas más continentales.

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Los primeros se sitúan en zonas de climas muy templados y gozan de inviernos suaves, con muy pocas o nulas heladas y una amplitud térmica muy pequeña, lo que permite la existencia de especies termófilas como laureles, madroños o helechos relictos de carácter subtropical. En el caso de los bosques montanos, están sometidos a mayores amplitudes térmicas, con heladas y nevadas invernales, que limitan la presencia de especies que no soportan temperaturas bajas, además de reducir el período de crecimiento y actividad de las plantas.